El perfil de un adicto al sexo

Harvey Weinstein es, por estos días, el rostro público del abuso sexual. Acaba de internarse, justificándose con una supuesta adicción al sexo.

La treta de Harvey Weinstein -protagonista del escándalo de abuso sexual más grande de los últimos tiempos en Hollywood-, en su peor momento y en la mira del mundo luego de que actrices como Angelina Jolie y Gwyneth Paltrowhablaron públicamente sobre sus abusos, fue argumentar sus actos diciendo que es un “adicto al sexo” y que se someterá a una “cura” en un centro de adicciones de Arizona. Lo primero que hay que aclarar es que un adicto al sexo no hace a un abusador; al abusador lo habilita una cultura machista que expone los cuerpos de las mujeres como objetos de consumo, y avala a algunos hombres a pasar sobre el consentimiento provocando violencia, ejerciendo una conducta de las más traumáticas y dolorosas.

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“Chicos, tengo que conseguir ayuda”, declaró. Más allá de Weinstein y su intento por levantar una imagen pública que se cae a pedazos, nos preguntamos, ¿cuál es el perfil de un adicto al sexo? Actores como Hugh GrantSharon Stone y hasta Charlie Sheen también se autodeclararon adictos. Entremujeresconsultó al doctor Walter Ghedin para que nos explique mejor esta adicción.

El perfil de un adicto al sexo

Se denomina adicción o compulsión al sexo al incremento del deseo sexual, acompañado de una fuerza inevitable o impulso que mueve al sujeto a tener contactos sexuales con otros o a masturbarse con la sensación de “no poder parar” y con una fuerte carga de culpa posterior.

La sensación erótica no es placentera: hay fantasías intrusivas, búsqueda de contactos rápidos, dificultad para pensar en otros temas y un inevitable deterioro en la vida social, laboral y de pareja. La persona siente que tiene que saciar en forma urgente su necesidad sexual, lo que provoca inquietud interna, ansiedad, conductas de riesgo, descalabros económicos (gastos en prostitutas, casas de masajes, pornografía, tour sexuales, etc.), pérdida de trabajo (inasistencias, falta de concentración, aislamiento) etc.

Para algunos autores es considerada una adicción, por lo tanto cumpliría con los requisitos de dependencia psicológica (necesidad subjetiva), física (perturbación corporal) y tolerancia (tener cada vez más contactos para saciar el deseo). Se la denomina “la adicción silenciosa” porque no tiene la visibilidad de los abusos de sustancias, los adictos al juego, las compras sin control o los desórdenes en la alimentación. Casi un 6% de la población mundial sufriría de algún tipo de compulsión al sexo. El trastorno es uno de los tantos cuadros que se engloban en la falta de control de impulsos (TOC, compulsiones a las compras, al juego, etc.). Se conoce desde hace tiempo pero en estas últimas décadas ha habido un incremento por la influencia de las redes sociales, que permiten diversidad de contactos y rapidez para concretar citas.

El deseo sexual hiperactivo se presenta de diferentes formas: desde masturbación, sexo urgente con otras personas, prostitución y hasta puede asociarse con algunas parafilias como el exhibicionismo, froteurismo, abuso, violación, etc. Lahipersexualidad también se ve en el sexo virtual, personas que pasan muchas horas del día navegando en sitios de sexo.

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Es importante diferenciar que tener deseos intensos y frecuentes no es sinónimo de sexo compulsivo. Todos solemos reconocer cuándo estamos más dispuestos a los contactos eróticos, hasta es posible determinar qué tipo de estímulos incrementan el deseo. Es una grata sensación que nos sensibiliza, preparándonos para sentir placer. En la compulsión el deseo se mezcla con el impulso, el placer con la tensión, la tentación con la moral, el riesgo con la preservación de uno mismo. Este trastorno lo encontramos tanto en hombres como en mujeres, en edades que van entre los 20 a los 45 años (etapa de constantes cambios y mayor energía física y mental).

No se saben las causas que la provocan, aunque los estudios apuntan a desórdenes en los neurotransmisores (aumento de la dopamina), y fundamentalmente factores emocionales: narcisismo insatisfecho, inseguridad, sentimiento de inferioridad, temores de ser humillados o avergonzados por los demás. También se ve que la realización del acto compulsivo sexual repetido se ha fijado como un mecanismo adaptativo aprendido a lo largo de la vida para atenuar la ansiedad, miedos o profundos sentimientos de soledad. En muchos casos hay trastornos de personalidad de base: obsesivos, evitativos (sujetos miedosos), o depresiones subyacentes. La adicción sexual “pura” o primaria debe diferenciarse de los estados de alta excitación sexual provocados por drogas como la cocaína (y derivados) o anfetaminas.

No hay tratamientos que “curen” la hipersexualidad, aunque se puede controlar con terapias cognitivas combinadas con antidepresivos que incrementen los valores de serotonina y grupos de ayuda para personas con adicción al sexo (Sexo Adictos Anónimos).

* Por el doctor Walter Ghedin, médico psiquiatra y sexólogo.

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